miércoles, 28 de abril de 2021

RESILIENCIA Y COMPROMISO SOCIAL EN ORIENTACIÓN VOCACIONAL


 

Lic. Prof. Silvia Gabriela Vázquez https://mentesalacarta.com/conferencistas-capacitadores-coaches/silvia-gabriela Contacto. lic.silviagabrielavazquez@gmail.com

 

Retomando algunas preguntas

 

En el II Congreso de la Red Latinoamericana de Profesionales de la Orientación (UdeMM, Buenos Aires, 2017), invité a los participantes a reflexionar a partir de dos preguntas:

¿Cuáles serán las habilidades y conocimientos imprescindibles en un mundo en constante cambio? y ¿Cómo ayudar a los jóvenes a desarrollar competencias para insertarse en empleos que todavía no existen? Cuatro años después, en el imprevisible y pandémico contexto actual, retomaré algo de lo dicho allí1 -y en publicaciones previas- acerca del rol del orientador como líder de servicio, promotor de resiliencia y compromiso social. En esta oportunidad, encontrando en la valiosa filosofía Ubuntu un modo de integrar los distintos componentes de este enfoque propuesto hace casi dos décadas.

 

Los cinco pilares de la filosofía Ubuntu

 

El lema de la filosofía Ubuntu es: “Yo soy porque nosotros somos”. Este concepto africano tradicional hace hincapié en el bien común y el rol de puente que cumple cada persona con su prójimo. No obstante, su método propone el autoconocimiento –esencial en orientación vocacional- como la primera de sus cinco competencias básicas.

 

Resiliencia, autoconocimiento, autoconfianza, empatía y servicio son los cinco pilares de esta Filosofía.

 

 

¿De qué hablamos cuando decimos “resiliencia”?

“Definir es (…) tener claro el significado y sentido de un término cuando se lo utiliza dentro de un contexto, dentro de un juicio. Definir con transparencia posibilita saber cuál es la comprensión y la extensión de un concepto”. (R.J. Brie, 2000)

La resiliencia –uno de los cinco pilares del liderazgo de servicio- es un constructo teórico en constante evolución que puede estudiarse en cinco niveles: individual, familiar, comunitaria, organizacional y global.

El concepto proviene de la física y es muy utilizado por los ingenieros en la industria metalúrgica. Gracias a esta propiedad, determinados materiales pueden soportar altas presiones sin quebrarse y recobrar luego su forma original.

 


1 Algunos fragmentos de este artículo son reelaboraciones del publicado bajo el título La mirada de la resiliencia en Orientación Vocacional (Vázquez, S. G, 2017) en el número especial de la revista OrientAcción dedicado al II Congreso de RELAPRO.


Si bien el término existía desde mucho antes, no se incluyó en el diccionario hasta el año 2014 y durante el 2020 fue uno de los más utilizados por los periodistas junto con otros como confinamiento, coronavirus y pandemia. No es difícil adivinar el motivo: en un entorno de incertidumbre y temor, aludir a nuestra capacidad de afrontar las dificultades era un modo de esperanzarnos. Sin embargo, es mucho más que una palabra.

En los años 70, desde un modelo epidemiológico, se hacía hincapié en los factores protectores y los de riesgo. En la siguiente década, la mirada se centró en la capacidad individual y a partir de los 90 comenzó a definirse como un proceso que conlleva un aprendizaje. De acuerdo a esta última idea, las personas -y las comunidades- no “son” resilientes, sino que van construyendo su resiliencia de un modo dinámico.

En 1955, Emmy Werner comenzó una investigación longitudinal con 201 niños provenientes de ambientes desfavorecidos. El seguimiento se extendió durante los siguientes 30 años y ella pudo comprobar que aquellos que, a pesar de las situaciones traumáticas vividas, se habían convertido en adultos felices, tenían algo en común: el hecho de haber sido valorados y aceptados incondicionalmente por alguna persona significativa para ellos, es decir facilitadores o “tutores de resiliencia”, como los llamó Boris Cyrulnik.

Los orientadores actuamos como facilitadores de resiliencia en el aula cuando proponemos actividades que promueven:

-La creatividad

-La introspección

-La independencia

-La autoestima consistente

-La iniciativa

-El sentido del humor

-El compromiso

-La empatía

-El pensamiento crítico.

La resiliencia se construye en los vínculos. Es un potencial humano, un proceso dinámico e interactivo entre mecanismos emocionales, cognitivos y socioculturales que nos lleva a desarrollarnos de manera saludable aún en un medio poco propicio.

Una misma situación adversa puede ser vista como obstáculo o desafío, de acuerdo a la persona que la atraviese. A. Rovira (2020) se refiere a la resiliencia sostenida en el tiempo y propone recuperar un término más abarcativo que ha caído en desuso: “longanimidad”, relacionado con la constancia y la paciencia. Valores imprescindibles en las difíciles circunstancias que nos toca atravesar a nivel planetario.


Si hasta hace poco tiempo se hablaba de un entorno VUCA –caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambiguëdad- hoy los especialistas describen nuestro contexto como frágil, ansioso, no lineal e incomprensible y lo denominan BANI por sus siglas en inglés (brittle, anxious, no linear, incomprehensible).

Esta realidad vuelve aún más necesaria que ayudemos a los consultantes a alcanzar un buen estado de resiliencia que les permita tener una actitud flexible y sobreponerse a lo traumático.

 

 

Acerca del proceso de orientación vocacional con enfoque de resiliencia

 

El enfoque de resiliencia en OV que he puesto en práctica durante casi 20 años, se caracteriza por ser: clínico, preventivo y operativo:

·      Clínico porque reconoce al orientado como ser único -constructor de su elección- y se basa en una actitud de escucha y diálogo

·      Preventivo porque persigue objetivos que pueden encuadrarse en la estrategia de APS

(Atención primaria de la salud) y en el Objetivo de Desarrollo Sostenible N°3 (Salud y Bienestar)

·      Operativo porque intenta plantear y eventualmente resolver de modo focalizado la problemática que subyace a la elección.

 

La elección de este abordaje no se contradice con la utilización de herramientas proyectivas e incluso psicométricas. Sin embargo, su técnica principal es la entrevista abierta y no se sostiene en ninguno de los test de resultados “cuasi mágicos” que los consultantes suelen solicitar. Una prueba estandarizada resulta insuficiente como único recurso. Su uso sólo tiene valor como complemento de una estrategia que apunte a la metacognición y a fortalecer el estado de resiliencia de quien elige.

Todo proceso de orientación vocacional supone una primera etapa de autoconocimiento (es la más extensa y, por supuesto, continúa a lo largo del trayecto vital); luego, un momento de información acerca de la oferta académica; y por último un período de acercamiento a la realidad ocupacional, en el que se analiza la demanda laboral de acuerdo al perfil de cada carrera.

 

En la etapa inicial o de autoconocimiento (a la que nos referiremos aquí), el acento está puesto en el pilar de introspección.

Si, como afirma G. Pecotche (2004), “el que sabe lo que puede, lleva una ventaja considerable sobre el que desconoce sus recursos”, valorar sus preferencias, inteligencias y habilidades fortalecerá otro pilar, el de la autoestima.

Desde el enfoque que propongo, una vez establecido el encuadre en la primera entrevista, se evalúa el estado de resiliencia del consultante tomando como eje las fuentes planteadas, en 1996, por Edith Grotberg:


-Yo soy…

-Yo estoy…

-Yo tengo…

-Yo puedo…

Además, le pido que complete otras dos frases:

-Yo intento…

-A me gusta…

 

A lo largo de los encuentros se busca fortalecer otros pilares como el sentido del humor (la capacidad de reírse de sí mismo y de descatastrofizar   los propios errores) o el vínculo con otros.

La situación de elección vuelve necesario el trabajo con el pilar de independencia, ya que suelen aparecer mandatos, creencias o expectativas limitantes.

Una de las formas en que se manifiesta su contracara, la dependencia, es cuando el consultante deja de lado aquellas carreras que su familia no considera “importantes”. O, por el contrario, cuando descarta determinadas profesiones de antemano, aun existiendo vocación para ellas, sólo para no seguir los pasos marcados por sus padres, en un fenómeno que podría describirse como “seguir un mandato al revés”.

 

El rol que cumple el orientador es el de un tutor de resiliencia que acepta incondicionalmente y acompaña o encauza, sin juzgar ni encausar.

 

Tanto el orientador como el orientante2 fortalecen durante el proceso su pilar de

Creatividad.

El orientador crea técnicas personalizadas de acuerdo a la personalidad y necesidades del consultante en lugar de utilizar una batería estándar de test.

El orientado también crea. Una de las intervenciones que suelo utilizar es proponerle que imagine una carrera idea y confeccione el plan de estudios, el perfil del graduado y sus ámbitos de inserción.

Vicente Huidobro dice que “inventar consiste en hacer que las cosas que se hallan paralelas en el espacio se encuentren en el tiempo o viceversa, y que al unirse muestren un hecho nuevo”. Invitando al consultante a que invente su carrera ideal para luego confrontarla con las existentes, se fortalece su tolerancia a la frustración.

Ante la eventual falta de un empleo que encaje a la perfección con el título alcanzado una vez graduado -teniendo en cuenta el entorno laboral cambiante al que aludíamos al inicio-, el consultante podrá recurrir a este “invento” como antecedente que le genere confianza en mismo. Y destacarse combinando sus inteligencias, habilidades o vocaciones en proyectos novedosos que, además, consideren las necesidades de su comunidad. Aparecen aquí los pilares de iniciativa, moralidad y compromiso.

Otra de las características del orientador como tutor de resiliencia es que investiga qué modalidad utiliza el consultante para tejer redes sociales y si es capaz de cooperar con otros o de pedir colaboración cuando lo necesita. En otro trabajo propuse, como promotores o piares de resiliencia tanto la actitud prospectiva como el sostén


2    M.Müller propone llamar “orientantes” a los orientados, como modo de expresar “un movimiento personal de búsqueda que no concluye al finalizar la Orientación Vocacional, ni después de la misma”


recíproco” (Vázquez, 2008), capacidad empática que permite detectar cuándo alguien precisa nuestra ayuda y reconocer la propia necesidad de apoyo emocional.

Acerca del autoconocimiento y la autoconfianza

 

"Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse” (De “Don Quijote de la Mancha”, 1615)

 

Históricamente, la preocupación por indagar en los propios pensamientos y sentimientos ha estado presente en todas las culturas.

Llegar a conocerse es un proceso que requiere momentos de introspección - imprescindibles para construir nuestra resiliencia- ya que, aunque a simple vista resulte paradójico, nos llevan a la creación de mejores vínculos con el mundo exterior.

 

“El yo es lo único que debe conocerse” sentenció Siddhartha Gautama (Buda) cuatrocientos años antes de Cristo. Con esa frase, brevísima y extrema, sintetizó la imposibilidad de conocer el mundo sin entender antes quiénes somos y el grato asombro ante las puertas que se abren gracias al autodescubrimiento.

 

“Ten confianza –escribió Savater (1991) en su Ética para Amador-. No en mí, claro, ni en ningún sabio, aunque sea de los de verdad (…), ni en máquinas, ni en banderas. Ten confianza en ti mismo. En la inteligencia que te permitirá ser mejor de lo que ya eres y en el instinto de tu amor, que te abrirá a merecer la buena compañía”.

 

La autoconfianza específica es un estado mental-emocional, dinámico y contextual. La general, en cambio, comienza a desarrollarse en la infancia y se constituye como un rasgo estable de personalidad. Junto con el autoconcepto y la autoimagen es uno de los factores fundamentales de la valoración global que llamamos autoestima.

 

Se trata de un constructo con múltiples matices, investigado por numerosos autores. Entre ellos, Dyer (cuyo libro Tus zonas erróneas, publicado en 1976 es uno de los más leídos en el mundo), Bandura (1977), Goleman (1988), Mckay&Fanning (1991), Goldsmith (2008),

Ryan (2009) y Rovira (2017).

 

La mayoría coincide en explicar la autoconfianza como una convicción acerca de contar con las habilidades necesarias para alcanzar un resultado determinado.

¿Hasta qué punto alguien confía en sus posibilidades de afrontar situaciones nuevas?

¿Cuán valioso se considera? ¿Sabe cuáles son sus puntos fuertes? ¿Cree en sus sueños?

 

Según Bandura (1988) las personas con autoeficacia “se recuperan de los fracasos” y “abordan las cosas en función de cómo manejarlas en lugar de preocuparse por lo que puede salir mal”

 

En el otro extremo, una autoconfianza frágil, nos vuelve demasiado vulnerables a la crítica ajena -aún si fuera constructiva- y nos hace sentir pequeños o desbordados ante cualquier inconveniente. Esto afecta la toma de decisiones, así como el desempeño académico y profesional.


 

¿Por qué hablar de empatía y servicio en Orientación vocacional?

 

Orientar supone “un proceso de asesoría al fenómeno existencial de la búsqueda de sentido y la construcción social de proyectos de vida” (Brunal; Vázquez, 2016).

Elaborar un proyecto de vida (PV) es una tarea esencial tanto en el proceso de orientación como en el fortalecimiento de la resiliencia y precisa de una actitud empática.

 

Según Frankl (1988) el sentido de la vida es una búsqueda personal y Vanistendael (2003)

-uno de los referentes en el campo de la resiliencia-, incluye el PV como parte de dicho sentido.

 

¿Cómo imaginar un PV si no se ha encontrado el sentido? ¿Cómo hallar el sentido de la vida si no imaginamos un proyecto en ella? Se trata de un círculo que puede resultar vicioso o virtuoso.

Orientar no se limita a informar. Es ineludible propiciar un diálogo que convoque a la introspección y al reconocimiento de eventuales obstáculos. La decisión será saludable en la medida en que se base en criterios y se desprenda de preguntas como:

¿Quién soy?

¿Qué me apasiona?

¿Qué deseo lograr?

¿Con qué recursos cuento para afrontar la incertidumbre o las dificultades que se presenten?

¿Cuáles son las necesidades sentidas por mi comunidad?

¿Qué puedo aportar a la sociedad a partir de mi vocación?

 

- ¿Qué de lo que sé, me gusta -y me interesa continuar aprendiendo- podría ser útil en esa tarea?

 

 

Volviendo a las preguntas del inicio…

 

Nadie puede afirmar con absoluta certeza cuáles van a ser las profesiones más solicitadas en el futuro, sin embargo, es innegable que quienes las ejerzan deberán estar preparados para3:

-Pensar de manera crítica, desde diferentes perspectivas (introspección)

-Planificar un proyecto de vida a corto, mediano y largo plazo (actitud prospectiva)

-Emprender e innovar (iniciativa)

-Tomar decisiones autónomas y argumentarlas (independencia/ pensamiento crítico)


3 Se agrega entre paréntesis a cuál o cuáles de los pilares de resiliencia corresponde cada ítem


-Adaptarse a los cambios combinando habilidades y vocaciones para crear ocupaciones nuevas (creatividad)

-Trabajar en equipo compartiendo el liderazgo y creando puentes (vínculo con otros)

-Ayudar y reconocer la propia necesidad de ayuda (sostén recíproco)

-Confeccionar, implementar y evaluar proyectos (actitud prospectiva)

-Escuchar, reflexionar y resolver conflictos (introspección/ creatividad)

-Aprender del error, aceptarlo y valorarlo (autoestima)

-Comprometerse con el entorno (compromiso social)

Nuestros jóvenes afrontarán la inevitable incertidumbre con mejores herramientas si:

-Estimulamos en ellos el desarrollo de habilidades blandas indispensables como la perseverancia, la tolerancia a la frustración, la creatividad, la apertura interdisciplinaria y la empatía.

-Promovemos la equidad y la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos.

-Los inspiramos a colocar su vocación al servicio de los demás, ejercitando así la ciudadanía y la solidaridad.

-Les demostramos la importancia de la formación profesional continua.

-Les enseñamos a responsabilizarse por las propias ideas, revisarlas y confiar en ellas

-Celebramos las diferencias que nos hacen seres únicos, auténticos y esperanzados

 

El servicio: la actitud que nos vuelve humanos

 

Según la antropóloga Margaret Mead, el primer signo de civilización en una cultura es un fémur que se cura luego de haberse quebrado. Mead explicó que, en el reino animal, aquel que se quiebra una de sus extremidades inferiores muere. No puede escapar ante los depredadores u otros peligros ni ir al río para beber agua o cazar. Ningún animal sobrevive lo suficiente para que el hueso se cure.

 

Un fémur roto recuperado demuestra que alguien tuvo tiempo para quedarse con el herido hasta que pudo ponerse de pie. Vendarlo, llevarlo a un lugar seguro, acercarle alimentos… en síntesis, alguien se dedicó a cuidarlo.

 

Eso es lo que hace un humano por otro: sostenerlo hasta que pueda caminar solo. Quizá porque sabemos que no nacimos para ser islas –la pandemia y el aislamiento lo demostraron- sino que sólo somos si es con otros. Tal como plantea el pensamiento Ubuntu*, originado en África y promovido por el premio nobel de la paz, Nelson Mandela.


Al líder de servicio no se lo distingue por ser «el que está a cargo» sino por el modo en que respeta, escucha y brinda reconocimiento a quienes lo rodean.

 

Es aquel que valora la porción de verdad que cada uno tiene cuando mira el mundo. Es quien sabe conectar, servir, sostener, acompañar y retirarse a tiempo para no obstruir el camino.

 

En ese proceso se necesita autoconocimiento, autoconfianza, resiliencia, empatía y servicio, pilares de aquella filosofía* -con su «ética del cuidado»- así como del Compromiso Social Aplicado, noción que propuse como soft skill integral en el libro Formar profesionales competentes, comprometidos y resilientes

 

El orientador como líder de servicio

 

Los andaluces utilizan una frase muy gráfica para referirse al don especial e intangible de los «bailaores» de flamenco: dicen que «tienen duende». Expresión que podría hacerse extensiva a los artistas en general que, dejando el alma en el escenario, emocionan al público. Y a los orientadores que lideran desde el servicio.

 

Un líder no nace por decreto. Los hilos de este estilo de liderazgo se van enlazando a través de los vínculos.

 

Un orientador –líder de servicio ayuda a sus consultantes a conocerse, confiar en mismos y en los otros, construir sobre la adversidad y convertirse en puente para que otros puedan encontrar sentido en lo que hacen.

 

Un orientador- líder de servicio tiene “duende”, es capaz escuchar, aceptar la diversidad e inspirar poniendo el corazón en lo que hace, recordando siempre que, como ha expresado Mandela: “Todos somos ramas del mismo árbol” …

 

 

Bibliografía consultada

-Bandura, Albert (1987) La teoría del aprendizaje social. Madrid. Espasa-Calpe

-Brunal A; Vázquez S.G (2016) Revista OrientAcción N°2.

-Cooperrider, D; Subirana, M (2003) Indagación Apreciativa. España. Kairós.

-Müller M. (1997) Orientar en un mundo de transformación. Bonum. Bs. As.

-Munist, M; Suárez Ojeda E; Krauskopf, D y Silber T. (Comps) (2007) Adolescencia y Resiliencia. Paidós. Buenos Aires.

-Simpson, María G. y otros (comps). (2018). Resiliencia comunitaria. Buenos Aires: Ed. Dunken.

-Vázquez, S.G (2011) Formar psicólogos en el siglo XXI: acerca de la mirada interdisciplinaria y el compromiso social como competencias esenciales. Revista Poiésis. FUNLAM. 21


-Vázquez S.G (2012) El compromiso de la universidad en la formación de líderes socialmente responsables. En Perspectivas y Desafíos de la Universidad. El compromiso social y ético y sus dimensiones internacional y regional” (Compiladora: Monterroso G.) USAL.

-Vázquez, S. G (2012) La responsabilidad de recibir un futuro impensable. Actas de las III Jornadas académicas sobre gestión y dirección de instituciones educativas. Escuela de Educación. Universidad Austral

-Vázquez, S. G (2017) Formar profesionales competentes, comprometidos y resilientes. Editorial Académica Española (en prensa)

-Vázquez, Silvia Gabriela (2020) Resiliencia entre líneas. Buenos Aires.

-Vázquez, Silvia Gabriela (2020) El educador como líder de servicio. Revista A Construir N°6. Buenos Aires. MV Ediciones

 

 

Lic. Prof. Silvia Gabriela Vázquez

Psicopedagoga, escritora y maestranda en educación

Dir. Cátedra de Responsabilidad Social Universitaria UdeMM Dir. Diplomatura Interdisciplinaria en RS y Resiliencia.

Coordinadora del Depto. de Orientación Vocacional

Dir. Académica RELAPRO. Prom. Internacional de los ODS.

Embajadora para la Paz. Formadora en Liderazgo Ubuntu https://mentesalacarta.com/conferencistas-capacitadores-coaches/silvia-gabriela


1 comentario:

  1. gracias por esta iniciativa y el gran esfuerzo que implica estar al tanto de generar contenido y hacer visible la labor de los y las orientadoras escolares... un saludo desde Colombia

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